
Con la ayuda de un laboreo llano se puede interrumpir el ascenso del agua hasta la superficie del suelo. Así se conserva el agua en el suelo y se evita una evaporación improductiva, mientras el suelo no esté plantado. Así se mantiene la humedad en el suelo y está disponible a posteriori para las plantas.
Además gracias al paso ultrallano se suelta la tierra superficial, que está expuesta a la evaporación, y ésta se reduce al mínimo. Esto ahorra a mayores el valioso agua.
El laboreo llano mejora el mantenimiento y la distribución óptima de masa orgánica en la superficie del suelo, al no mezclarlo en las capas más profundas. La cubierta del suelo protege de radiación solar directa, crea sombreado y conserva el agua en el suelo. Al mismo tiempo, la materia orgánica en la superficie protege contra la erosión. La estructura del suelo que se consigue, permite además una buena cuota de infiltración, incluso con precipitaciones fuertes.