
El recurso más importante para la agricultura es un suelo fértil, pero no siempre se consigue. Es imprescindible un trato cuidadoso para garantizar la producción sostenible de alimentos y forrajes de alta calidad.
Un suelo sano con una estructura natural y de grumos finos, así como una distribución óptima de los poros sin compactaciones dañinas permiten a los cultivos un enraizamiento intensivo y profundo. Labrar el suelo significa cambiar la estructura del suelo. Con el laboreo llano, la estructura del suelo, estabilizada por las raíces de las plantas y los seres vivos del suelo, se mantiene en las capas más profundas. Así se molesta menos la vida de la tierra en su hábitat al causar significativamente menos redistribuciones del suelo.

El agua es el factor más importante en la producción vegetal. Especialmente en periodos secos, la disponibilidad de agua es esencial para la germinación, el desarrollo de la planta y de la formación de rendimiento. Las diferencias se muestran fuertemente y métodos de laboreo que cuidan el agua son muy demandados.
Con la ayuda de un laboreo llano se puede interrumpir el ascenso del agua hasta la superficie del suelo. Así se conserva el agua en el suelo y se evita una evaporación improductiva, mientras el suelo no esté plantado. Así se mantiene la humedad en el suelo y está disponible a posteriori para las plantas.
Además gracias al paso ultrallano se suelta la tierra superficial, que está expuesta a la evaporación, y ésta se reduce al mínimo. Esto ahorra a mayores el valioso agua.

El laboreo llano mejora el mantenimiento y la distribución óptima de masa orgánica en la superficie del suelo, al no mezclarlo en las capas más profundas. La cubierta del suelo protege de radiación solar directa, crea sombreado y conserva el agua en el suelo.
Igual de importante es la protección por erosión. Incluso con escasa inclinación de pendientes existe el peligro de desgaste de suelo al producirse fuertes precipitaciones. La materia orgánica en la superficie disminuye la energía de las gotas de agua botantes, para que el suelo no esté expuesto directamente a la lluvia. Las partículas del suelo están protegidas de influencias atmosféricas extremas Así también se evita embarrar y la estructura superficial se mantiene. La eficacia de filtración natural del suelo se mantiene. Además, el material superficial frena claramente el agua de lluvia drenante y se impide el traslado de suelo.

"Lo más llano posible, lo más profundo necesario" es una norma base en el laboreo del suelo. Con el cultivador bajo de PÖTTINGER se realiza un corte por toda la superficie incluso con una profundidad de trabajo más escasa. Así se mueve menos el suelo. Esto ahorra combustible y horas de trabajo. Con cada centímetro de profundidad de trabajo ahorrado, dependiendo de la densidad del suelo, se mueven entre 100 y 160 toneladas menos de tierra por hectárea.
Las normativas cada vez más estrictas sobre fitosanitarios químicos así como la resistencia de la maleza contra herbicidas demandan estrategias nuevas. El laboreo llano y por toda la superficie es un módulo importante. Gracias al laboreo plano se estimula la germinación rápida de malezas y se pueden combatir en un siguiente paso. También es posible curas de maleza con varios cortes para una reducción duradera de malas hierbas con raíz.